Ya ha pasado tiempo desde aquellos oscuros ayeres en los que los celulares no tenían camarita integrada, ni mucho menos reproductor de mp3 y yo, yo era opaco, aparentemente sin sentimientos y frío, Muy frío.
Mis ojos lanzaban miradas amenazadoras hasta en la mas tierna de las ardillas o hasta en la mas linda y popular señorita estudiante de secundaria.
Escurridizo, y misterioso me paseaba por la escuela acechando a todo mundo. Odiando hasta la muerte a mi cruel maestra de matemáticas la cuál sí llegaba a atemorizarme por su bailador ojo de vidrio. ¿me ve a mí? o ve hacia la pared.
Sólo pocas personas se atrevían a hablarme, sólo para que les enseñara mis-hasta entonces- horrendos dibujos, alguien atravesado por mi nombre desangrándose, alguien intentando matar a alguien mas. Incluso fui censurado alguna vez.
Quién quiere participar en un concurso de dibujo? Preguntó la maestra de artisticas, varios levantaron la mano, yo no, -Omar me han dicho que tú dibujas muy bien, ¿es cierto eso?- me preguntaba la maestra – No sé maestra, sí dibujo, pero no sé si dibujo bien.- Te apunto trae tu dibujo la próxima semana.
La semana siguiente, los compañeros llevan sus dibujos, personas jugando algun deporte, algún paisaje, y nunca faltan los dibujos anime.
Yo no lo llevé. –Omar. ¿y tu dibujo?- lo olvidé, mañana se lo traigo, - está bien pero temprano para que los jueces te revisen y esté listo para la exposición de pasado mañana-
Se lo di al día siguiente.
El jueves mi dibujo no fue puesto en exhibición, creo que fue censurado.
Era un hombre colgado, muerto. Con una carta tirada que decía Dear prudence.
No, era tan frío, era sólo cuestión de que me platicaran, y entendieran mis siempre extraños chistes, tal cómo lo hacia ella, la que me comprendía y se ponía a contarme sobre sus novios, o la aquella otra que decía que yo era bien feo pero que estaba enamorada de mí, a las que por cierto yo siempre les decía –A sí?- y me iba. O tan sólo les daba mis mas sinceras felicitaciones, y me iba claro, siempre me iba.
O mis amigos, con los que me reunía junto al árbol cada receso, a platicar historias estúpidas.
Qué tiempos aquellos, tan extraños, en los que yo me decía “ a mi me encanta la pizza, me pregunto si a los Italianos les gustarán los burritos.”
En los que yo hacia de dramaturgo en las pequeñas obras del salón.
Hoy digo qué es genial ser cerrado y frío, y antisocial, aunque no quisiera serlo a tan alto grado ahora en como aquellos tiempos.
Porque Ah! Cómo odié la secundaria.